de la cruz

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María en el Misterio de la Cruz

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María de la Claraesperanza Alfredo Rubio de Castarlenas 18 julio 2008 Sección: El Calendario litúrgico La veneración de la Virgen María en su advocación de la Claraesperanza nace en el antiguo monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, situado en Badalona población cercana a Barcelona. Su fiesta se celebra el Sábado Santo, día en que la Iglesia medita cerca del sepulcro del Señor, recordando que la Virgen fue la única que mantuvo viva la llama de la esperanza. María es modelo de clara esperanza. A lo largo de nuestra vida tenemos que pedirle que nos ilumine con la claridad de su esperanza. Desde la soledad y el silencio, al que esta dedicado este monasterio, puede salir la Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza, destinada a inundar toda América y desde América el mundo entero de esta esperanza esclarecida. ¿Qué es la esperanza? Es un esperar sabiendo que no es vano este esperar lo que se anhela. ¿Y cómo sabremos que no es mera ilusión nuestra espera? Si confiáramos que los seres humanos ¡tan limitados siempre! fueran ellos mismos la garantía de aquello que nos prometen, entonces sí que se comprende que nuestra esperanza dudara, flaqueara o, a la postre muchas veces, tristemente se desvaneciera. En cambio san Pablo nos dice rotundo: Sé de quién me fío. Del Señor Jesús. De Jesús y de la cointercesión de María ¡claro que podemos fiarnos! De ellos, más que de todas las gentes del mundo reunidas. Pero... lo que no tenemos que ser nunca, es norte de nosotros mismos, poniendo nuestros deseos y afanes en cosas que nos apetecen pero que no son acordes con nuestro verdadero bien, con nuestra salvación. Si además de tener lo necesario, quisiéramos hacernos ricos para poder gozar a nuestro capricho de esta vida, incluso a costa de pisotear los derechos de otros, seguramente no seríamos oídos en nuestra falsamente esperanzada oración. Peor aún, si Dios permitiera que obtuviéramos lo que pedimos ya que lo solicitamos, pues el obtener lo deseado se trocaría en nuestro quebranto. Pidamos en cambio a Dios lo que, de verdad, sea bueno para nosotros. Podemos sin miedo entusiasmarnos con ello aunque todavía no sepamos qué es lo que Dios nos concederá. Seguro además, que lo que sea bueno para nosotros (aunque nos guste más o menos o lo veamos dificultoso o no) también será bueno para los otros y para la Gloria de Dios.